Hermanas de la Comunidad

“Desde que escuché la historia de la Congregación SS.CC., que la relató la Hermana Amalia Espinoza, SS.CC. en el año 1968, cuando yo tenía 19 años, en mi mente y en mi corazón se prendió una luz que hasta el día de hoy sigue encendida, a pesar de los años recorridos que Dios, con su llamada amorosa, me ha regalado dentro de mi querida Congregación.

La Adoración al Santísimo Sacramento me atrajo mucho y me iluminó; siento que el llamado de Dios ya estaba plasmado en mi corazón y en mi vida desde pequeña, ya que mi mamita pertenecía al grupo de las Adoratrices del Sagrado Corazón de Jesús y todos los domingos que se reunía en Adoración con sus compañeras, nos llevaba a sus hijos a la iglesia y nos enseñaba a orar.

Sí, cuando se es pequeña no se entiende lo que Dios quiere de cada ser humano, pero él siempre está llamando y preparando a sus hijos, a través de los padres, de alguna persona, de algún acontecimiento o de las circunstancias. Cuando llegué a la Congregación encontré una Comunidad de Hermanas abiertas, alegres, cariñosas, preocupadas de todas, en una palabra: felices, así como yo me sentí desde que llegué. Si volviera a nacer, sería religiosa de los SS.CC.

Esta luz que me acompaña siempre es la que me da fortaleza para vivir mi vida consagrada, contenta, libre, llena de entusiasmo, aún en medio de tantas dificultades que he vivido como la muerte de mi padre cuando fui novicia y, hace cuatro años, la muerte de mi mamita, quien nos acompañó hasta los 93 años.

A lo largo de mi vida religiosa en la Congregación, he desempeñado muchas responsabilidades y muy delicadas, gracias a la confianza de mis superiores de acuerdo a las obediencias que me han sido dadas por voluntad de Dios. Hoy estoy aquí con gozo, ayudando en la misión educativa, en esta hermosa Institución Sagrados Corazones en Cuenca”.

Hermana María Elena Cabrera, Directora Ejecutiva SS.CC. Cuenca

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Hermana Dominguita

Inició su vida religiosa en 1949, cuando tenía 22 años, hizo su postulado en la Casa Antigüa de los SS.CC. y luego realizó su noviciado en Rumipamba, Quito.

Dice que pertenecer a la Comunidad SS.CC. significa un llamado que Dios le hizo, y al que ella acudió; quizá nunca se imaginó ser religiosa, sin embargo fueron sus padres quienes le motivaron a acercarse al Convento y ver de qué se trataba; su padre pertenecía al Corazón de Jesús, y su madre al Corazón de María, por eso dice que su vocación se la debe a ellos. Cree muy firmemente que las estudiantes de los SS.CC. están en la fuente de la espiritualidad, de la cercanía a Dios, y pueden beber de esa fuente y profundizar en la vida de fe.

Para ella, lo primero es la Comunidad, porque es su familia. Hace tres años celebró sus bodas de diamante como religiosa, cuenta que tal como cuando Pedro le pregunta a Jesús qué recibirán ellos, cuando dejen todo por seguirlo, y el maestro le responde “el que deja padre, madre, casa, todo por seguirme, recibirá el cien por ciento en esta vida y la vida eterna…”, así fue el sentir de ella en esa celebración pues su familia, las personas de la misión, amigos, catequistas, sacerdotes, se unieron con detalles especiales en su honor… “mejor que eso, ya el cielo, no me esperaba tanto cariño…” finaliza nuestra querida Hermana Dominguita, como la llamamos con cariño.

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Pertenece al Convento desde hace 69 años, ingresó cuando tenía apenas 15, cuenta que fue la última religiosa en ingresar a tan temprana edad. Confiesa que las Hermanas de la Comunidad “le acabaron de criar”, pues se encargaron de que culminara sus estudios secundarios, para lo cual se trasladó a Quito. Piensa en sus maestras formadoras con mucho cariño.

Actualmente tiene 84 años, recuerda con una gran sonrisa, que sus padres le enseñaron a rezar, su familia fue muy religiosa, incluso tiene un hermano sacerdote que se inició antes que ella y eso, además de la formación que le dieron sus padres, también la motivó a entregar su vida al llamado de Dios. Rememora también al Padre Agustín Crespo Heredia, quien llegaba a casa de su abuela, por el pan que ella hacía en horno, y que en alguna ocasión le pidió que repitiera siempre “Jesús enamórate de mí”, frase que coreaba constantemente y que hacía que crezca su vocación.

Para ella, pertenecer a la Congregación de los Sagrados Corazones es motivo de sentir orgullo, de sentir agradecimiento con Jesús y María y a las mujeres que la recibieron y la ayudaron al iniciarse. Para ella, lo más trascendental en la vida religiosa es “la cercanía a Dios, ese contacto, la vida de Cristo en una, nuestra vida de contemplación”.

Hermana Conchita

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Hermana Anita González

Es parte de la Congregación de los SS.CC. hace 29 años, su ingreso lo hizo en el año 1989, cuando tenía 21 años, tuvo la suerte de conocer a las Hermanas cuando llegaron como Misioneras a su parroquia, es entonces cuando conoció el Carisma y se sintió identificada con él.

Lo que ha marcado siempre la historia de su vida dentro de la Congregación, ha sido el encuentro personal con Jesús en la Adoración y Eucaristía, y el profundo sentido misionero que la ha llevado a diferentes lugares, la misión en las propias Obras Educativas y Casas de Misión, y la motivación y acompañamiento a jóvenes misioneros.

Recuerda con mucho cariño el 2013, año en el que  fue a Loja, participó en la Jornada Nacional de la Juventud en Ambato, estuvo en Galápagos para participar en proyecciones misioneras, así como en Bolívar, lugares en donde conoció otras realidades y personas que llegaron a su vida y a su corazón; estuvo también presente en la Jornada Mundial SS.CC. en Brasil, que le permitió luego vivir también una Jornada con el Papa Francisco, convirtiendo al 2013, en el año con el mayor número de experiencias que ha tenido.

Actualmente, la Hermana Anita es docente de Formación Humano Cristiana y tutora de los Segundos Años de Bachillerato,  lo cual le significa un reto, pues piensa que la religión no es una teoría sino más bien, una experiencia. En su labor con los estudiantes siempre les habla del rostro de Jesús joven que los acoge tal como son, llegando a ellos a través de sus propias experiencias, “promulgando una Pastoral de escucha y de acompañamiento”.

La llamada a la Vida Religiosa no siempre llega después de una espectacular conversión… Lo más común, es que Dios toca el corazón de aquellas personas, en quienes fija su mirada y llama para una misión concreta. Desde muy joven fui catequista y luego por estudios y trabajo, renuncié a esta misión.

Todo empezó cuando tenía 22 años de edad y conocí a las hermanas Sagrados Corazones, que fueron de misiones a mi pueblo. En aquellos momentos ser cristiana para mí consistía en ir a misa los domingos y rezar todas las noches el rosario en familia.

Cierto día, una de las Hnas. me invitó al Grupo Juvenil de la Parroquia y también a la oración una vez por semana. Estas dos experiencias marcaron la diferencia, y cambiaron el proyecto con el que yo soñaba… en mi interior afloraron los sentimientos de alegría y paz. Sin darme cuenta, ni ser consciente, Dios había salido a mi encuentro… Desde entonces, sentí que el silencio me ayudaba a encontrarme conmigo misma; aprendí a relacionarme con el Corazón de Jesús y de María, en la Oración – Adoración; me encantaba pasarme largos ratos frente al Sagrario, hablando con ese Alguien que de pronto fue apareciendo en mi vida.

En poco tiempo, mi vida fue dando un giro grande: Jesucristo era mi referente y la Eucaristía se transformó en el alimento que fortalecía mi espíritu y el encuentro gozoso con Dios. Es así, como se va fraguando mi historia vocacional, hasta que decidí, decirle Sí al Señor, y solicité entrar a la Congregación el 01 de noviembre de 1987. Mis primeros años fueron de estudios y formación.

La mayoría de mi vida religiosa la he compartido en las misiones de: Shell-Mera, Piñas, la Unión, en la obra social Nuestra Señora de la Paz; también he colaborado en los dos Centros Educativos de Quito y en la Casa de Oración Sagrados Corazones de esta misma ciudad. Actualmente, recibí la obediencia para colaborar en la Pastoral de esta Institución Educativa SS.CC. Cuenca. Me siento agradecida y feliz sirviendo a donde Dios me envíe, porque sé que no estoy sola. Él ha sido muy generoso conmigo, estoy convencida de que: me ama, me acompaña y me sostiene en todo momento.

Hna. Irma Loayza R., Asesora de la Pastoral SS.CC. Cuenca

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