Eucaristía Buena Madre

Eucaristía Buena Madre

Enriqueta Aymer de la Chevalerie, una vida hecha camino

La Buena Madre, como la llamamos con tanto cariño a la fundadora de la Congregación Sagrados Corazones, es fuente de inspiración para muchos, pues su historia se abre paso en medio de los lujos propios de la nobleza, que hicieron de ella una niña culta y refinada. Sin embargo, los caminos de Dios son insondables y la llevaron a perder abruptamente su zona de confort.

La experiencia en la cárcel, permite que sus ojos se abran a nuevas realidades, quizá nunca imaginadas. Privada de su libertad junto a su madre, aquellas rejas confieren a Enriqueta una nueva mirada que va en dirección a su interior.

¿En dónde quedó el banal ruido, de un mundo que cegado de egoísmo era incapaz de ver por otros? Sin duda el silencio y la privación son las puertas por donde Dios penetra al corazón de Enriqueta; y es allí en donde desprovista de todo, descubre su llamado y la intención cada vez más fuerte, de unirse a aquel que da sentido a la existencia.

En esta “soledad” aprende a abandonarse por completo a la Providencia de Dios, y cuando por su gracia, se ve librada de una muerte segura en la guillotina, emprende decididamente un recorrido tras el proyecto que Dios le avizoraba.

La Unidad Educativa Particular Sagrados Corazones, rinde homenaje a Madre Enrique Aymer de la Chevalerie por su legado, esculpido con pinceles de amor, entrega y donación. Su alegría y sencillez, su mirada dulce y tierna, su corazón como casa siempre abierta a Dios y al prójimo; hacen que todos quienes hemos conocido su historia, recordemos con profundo cariño y gratitud su obra misionera, que, en la fundación de la Congregación Sagrados Corazones, constituye un aporte sin precedentes para la Iglesia y para el mundo.

Que la fuerza de su testimonio y de su palabra, nos lleven a todos nosotros a seguir sus pasos en el ejercicio diario de nuestra vocación.

Prof. Mirian Gavilanes

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